La activista Yndira Sandoval pide justicia, la policía Claudia Juárez Gómez, también

Yndira Sandova y Claudia Juárez

La denuncia de violación a la activista Yndira Sandoval desató en redes sociales el coraje de muchas personas que utilizaron #YndiraSomosTodas para repudiar un nuevo capítulo de ataque a una defensora de derechos humanos en México, un episodio como muchos otros. La historia que retomó la periodista Sanjuana Martínez en La Jornada y un día después en en Sin Embargo, detallaba la presunta violación y tortura de la que había sido objeto Yndira Sandoval. Notas que sólo fueron el inicio de la avalancha de textos replicando el relato de la violación y la acusación contra la policía Claudia Juárez Gómez, quien según la activista, dentro de la celda la atacó. “Con su brazo derecho me sometió hasta ponerme de rodillas, me tapó la boca y me empezó a tocar mis senos, hasta que llegó abajo, desabrochando mi pantalón e introduciendo su mano izquierda debajo de mi pantaleta tocando mi área vaginal, penetrándome violentamente con sus dedos. La violación duró unos cinco minutos, pero se me hizo eterno, y todo el tiempo estuvo diciéndome al oído: ‘te dije que te ibas a chingar, te dije que te callaras, pendeja’” narró a Sanjuana Martínez.

La detención se realizó después de que Yndira fuera atendida por una herida de clavo, pero al no poder pagar con su tarjeta, salió junto a su acompañante a buscar un cajero y al percatarse de no traer su celular, el hombre que la acompañaba regresó a buscarlo, momento en el que llegaron los oficiales a detenerla sin motivo alguno según su versión, lo que causó la discusión con los oficiales, dicho momento narrado por la activista dista de lo que posteriormente se conocería a través de los videos donde se ven las actitudes retadoras y prepotentes de Sandoval.

Los pronunciamientos y acusaciones eran naturales, pero la historia dio un giro distinto cuando el 23 de octubre en el perfil personal de Claudia Juárez Gómez se conoció el otro lado de la historia, el de la oficial que fue acusada de violación y sin respetar la presunción de inocencia fue «linchada» por los comentarios de personas enojadas e indignadas con la historia de Yndira.

«Soy una mujer con 3 hijos dos de 6 y una de 4 años dos de ellas niñas y soy incapas de aser algo como lo que seme acusa estoy dispuesta a encarar la verdad y esta señorita yo no soy una gente inportante ni preparada pero no soy una violadora y ala comision de derechos humanos tambien lepido defenderme ami».

Dice Claudia en su post, mismo argumento que después se conocería en un video.

¿Valentía o prepotencia?

Defenderse es válido, sí, utilizar todas las herramientas a nuestro alcance para denunciar una injusticia sí, ¡claro que sí!, y precisamente eso fue lo que ocurrió en este caso, Yndira usó todo lo que estuvo a su alcance para denunciar su violación. Pero los videos, sí esos videos que también acusó violaban su derecho, mostraban más a una persona prepotente y más allá de su estado de embriaguez, irrespetuosa de la ley y de la autoridad, lo que no muestra en ningún momento es una persona con miedo, enojada y alterada si a caso, pero con miedo de ser desaparecida o vejada como narró en su testimonio a Sanjuana Martínez, no. ¿Vemos a una mujer que se conduce bajo los protocolos que ella misma pregona? No tampoco.

La politización

En el video de Claudia, comenta que Yndira presumió sus influencias con Beatriz Mojica, secretaria del PRD y obvio la perredista debió deslindarse de la acusación pero sobre todo recalcar que existe una finalidad política del gobierno priista del municipio en su contra.

¿Quién tiene la razón’

Esta historia no termina y el enredo menos, porque ahora viene la recriminación y una lección muy grande para todos los medios que cubrieron el tema. Conocer la versión de ambas partes fue una omisión muy grande e importante, no respetar la presunción de inocencia, y dar por hecho que por ser oficial de policía se es malo o que por ser activista se es un alma pura e incorruptible fueron errores comunes que abonaron a esta confusión y guerra de declaraciones de ambas partes pero sobre todo de conducir al linchamiento público de ambas mujeres, únicas conocedoras de lo que realmente ocurrió en esa celda.

Parece que es simple cuando se defiende a una mujer contra una injusticia, pero cuando de ambos lados están dos mujeres, una activista y defensora de derechos humanos; y por otro lado una madre soltera, trabajadora e indígena, nuestra visión se nubla y de bloquea pero sobre todo se polariza y al mismo tiempo se mezcla, pasa algo extraño y la opinión se divide, simplemente porque son mujeres.

¿Qué debería pasar? Terminar con conjeturas como las del párrafo anterior y exigir a las autoridades que de manera imparcial se investigue y actúe y que sin importar el género ni las influencias, se haga respetar la ley.

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